Retrato de familia

3 02 2010

“El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia” (artículo 4, párrafo 1 constitucional). Salvo mejor opinión no veo dónde dice que la familia es padre, madre e hijos. Uno acaba viviendo con abuelos, primos, amigos, desconocidos incluso. La gente se divorcia, se arrejunta, se hacina. Hay familias de todos tamaños y formas. Luego, no veo sustento en la controversia constitucional que promueve la PGR (por cierto, ¿no tienen suficiente chamba con el narco?). Argumentan que se trata de un asunto exclusivamente jurídico. Pues si es únicamente jurídico la tienen perdida, porque su controversia se sustenta en una lógica extralegal (moral, religiosa posiblemente).

Se alinean al pensamiento de que no es “natural” que dos personas del mismo sexo formen una familia y adopten niños. Pero ¿qué es natural? En época de Aristóteles era “natural” que la mujer fuese menos. No es “natural” que prolonguemos nuestra vida con medicamentos y demás artefactos. No es “natural” que el hombre vuele, que se comunique instantáneamente con personas del otro lado del mundo, que domestique animales, que haya ido al espacio. Porque somos más que “naturaleza”. Si no, lo mejor sería regresar a nuestras cuevas y aprender a cazar con piedras. Nos hemos construido un complejo mundo de identidades culturales y sociales, hemos inventado cosas, alterado nuestro entorno “natural”. Y lo seguimos haciendo. Los matrimonios entre personas del mismo sexo son parte de esa intrincada construcción. A muchos no les gustará, y se ve en las virulentas reacciones.

Pero si partimos de que todos somos iguales, ¿qué impedimento hay en agregar un tipo más de familia? Sí, la presión social es y seguirá siendo fuerte y sí, la primera generación de niños adoptados por parejas del mismo sexo tendrá un bautizo de fuego. Pero no hay otra forma; la gente no se vuelve tolerante de la nada, requiere enfrentarse a las nuevas circunstancias. Por ejemplo, la integración racial no se hizo de un día al otro. Implicó sufrimiento y muchos años, pero se logró partiendo del principio de que todos somos iguales. Y lo que resulta más curioso, es que tal principio está precisamente en el artículo en el que la PGR ha basado su controversia constitucional.


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