Retrato de familia

3 02 2010

“El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia” (artículo 4, párrafo 1 constitucional). Salvo mejor opinión no veo dónde dice que la familia es padre, madre e hijos. Uno acaba viviendo con abuelos, primos, amigos, desconocidos incluso. La gente se divorcia, se arrejunta, se hacina. Hay familias de todos tamaños y formas. Luego, no veo sustento en la controversia constitucional que promueve la PGR (por cierto, ¿no tienen suficiente chamba con el narco?). Argumentan que se trata de un asunto exclusivamente jurídico. Pues si es únicamente jurídico la tienen perdida, porque su controversia se sustenta en una lógica extralegal (moral, religiosa posiblemente).

Se alinean al pensamiento de que no es “natural” que dos personas del mismo sexo formen una familia y adopten niños. Pero ¿qué es natural? En época de Aristóteles era “natural” que la mujer fuese menos. No es “natural” que prolonguemos nuestra vida con medicamentos y demás artefactos. No es “natural” que el hombre vuele, que se comunique instantáneamente con personas del otro lado del mundo, que domestique animales, que haya ido al espacio. Porque somos más que “naturaleza”. Si no, lo mejor sería regresar a nuestras cuevas y aprender a cazar con piedras. Nos hemos construido un complejo mundo de identidades culturales y sociales, hemos inventado cosas, alterado nuestro entorno “natural”. Y lo seguimos haciendo. Los matrimonios entre personas del mismo sexo son parte de esa intrincada construcción. A muchos no les gustará, y se ve en las virulentas reacciones.

Pero si partimos de que todos somos iguales, ¿qué impedimento hay en agregar un tipo más de familia? Sí, la presión social es y seguirá siendo fuerte y sí, la primera generación de niños adoptados por parejas del mismo sexo tendrá un bautizo de fuego. Pero no hay otra forma; la gente no se vuelve tolerante de la nada, requiere enfrentarse a las nuevas circunstancias. Por ejemplo, la integración racial no se hizo de un día al otro. Implicó sufrimiento y muchos años, pero se logró partiendo del principio de que todos somos iguales. Y lo que resulta más curioso, es que tal principio está precisamente en el artículo en el que la PGR ha basado su controversia constitucional.





La ambidiestra

27 01 2010

Imagínese la combinación

Que si es un engendro, que si saldrá un Frankesntein, que las contradicciones son irreconciliables, que si los partidos son como swingers, que no tienen ideología. Sin embargo, en Durango ya está planchado: habrá PERREPAN (PRD-PAN, para los incautos). Falta que se concrete en Puebla, Oaxaca e Hidalgo. Gomez Mont ha amenazado con la renuncia. César Nava pospone, se la quiere llevar con cuidado, sin provocar fracturas, suavecito. En el PRD andan igual, debatiéndose, como siempre. Lo que ha sorprendido es la airada y nerviosa respuesta del PRI. Beatriz Paredes está que echa el santo al cielo y Beltrones no ha cesado en sus comentarios. Han amenazado al PAN con bloquearle toda legislación en ambas cámaras si persiste en las alianzas locales.

Coincido en que será extremadamente difícil que el Perrepan concilie una plataforma política coherente y sólida en los cuatro estados, especialmente después del jaloneo de 2006. Sin embargo, no falta antecedente de alianzas de la oposición para vencer al PRI. Es así como se ha conseguido la alternancia en más de un estado (Chiapas y Nayarit). Y, con miras a 2012, la alianza PRD-PAN suena a pragmático cálculo político. Porque la mayor fuerza del PRI está en sus gobernadores. Y si les llegaran a arrebatar estados de la importancia de Oaxaca, Puebla o Hidalgo, el camino de regreso a los Pinos en 2012 ya no se vería tan fácil. Además, cada gobernador implica una enorme cantidad de recursos presupuestales que en buena medida sirven para las campañas federales (si no, ¿cómo explicar el fenómeno del “carro completo”?)

A nadie le acaba de gustar la conformación de una alianza ambidiestra. Sin embargo, no debería de sorprendernos. Ya sabíamos que los partidos no tienen ideología clara. Lo que más llama la atención es que el PRI se dé golpes de pecho cuando ha hecho todo tipo de alianzas a nivel local, cuando ha aprobado algo cuando estaba en el poder y ha rechazado exactamente lo mismo cuando el presidente no ha sido de su partido. Lo que no quieren es perder estados (y cabe recordar que en 13 entidades no han conocido la derrota, por lo que ahí no han hecho ni el esfuerzo por modernizarse). No quieren perder poder, nadie quiere.





Un año de Obama

20 01 2010

Como en todo aniversario, resulta inevitable tratar de hacer un balance. Analistas de toda estirpe e ideología se han avocado a juzgar el primer año de Obama. En el ambiente se respira decepción. No ha sido el milagro que prometía. “Yes we can”, pero no el cuándo ni el cómo. Luego, muchos asumieron que sería cosas de días, de “quince minutos”, como aquí con Fox. Levantar la economía, reducir el desempleo, pasar las grandes reformas, poner en orden a la banca y salir de dos guerras no es cosa sencilla. El hoyo excavado por ocho años de Bush era profundo. Y, aunque desde el día en que ganó las elecciones Obama buscó reducir expectativas, no fue suficiente. La caída en picada de su popularidad, la reciente pérdida del escaño senatorial de Massachusetts (otrora “safe seat”) y sus implicaciones para la aprobación de la reforma de salud (ya que con 41 senadores los republicanos ya pueden introducir un “filibustero” que evite el debate) se suman al clima de decepción. ¿Pero se volverá Obama algo así como un Fox?

No. Con Fox fueron seis años de promesas y dicharachos inútiles, de mucho ruido y pocas nueces (como diría Erika Ruiz). A un año de Obama la economía del país vecino ha dado signos de recuperación, logró que se aprobara un paquete de estímulo económico de 800 mil millones de dólares y está cerca de lograr la aprobación de la reforma sanitaria (en la que ha invertido no poco sudor). Quitando el inmerecido Nobel y las críticas subsecuentes, también ha reconfigurado la política exterior, inclinándola hacia el multilateralismo. Que no ha sacado las tropas de Afganistán e Iraq, que no logró cerrar Guantánamo, que el desempleo está en 10%, que su popularidad ha caído, también es cierto. Es un presidente, no un mago. Para impulsar una reforma sanitaria que los más reaccionarios calificaron de socializante tuvo que invertir capital político y, como es natural, eso lo desgastó. Fox no se atrevió a cambiar las cuestiones de fondo, ya que le costaría su preciada aprobación. El resultado: 6 años perdidos. Por el contrario, con Obama lo que se puede decir es que no ha perdido el tiempo. Lo curioso es que él sí tiene una reelección en qué pensar.





Sobre la reforma política

16 12 2009

Pablo Gómez, en contra

Estoy más que seguro que  a los que escuchó Calderón fueron pocos, muy pocos. Alejandro Poiré, alguno que otro experto, varios secretarios, específicos burócratas grises y su almohada. Lo relevante es que, bombo y platillos aparte, la reforma política ha sido presentada al Legislativo. Sin embargo, el que ambas cámaras ayer cerraran sesiones tiene dos consecuencias. Por un lado, da tiempo de que los legisladores, en su puente Guadalupe-Constitución (regresan a trabajar por ahí del 4 de febrero), le den una revisadita en la playa o en algún tiempecito que les quede en el avión a Europa. Por el otro, le quita la fuerza mediática que ha ganado en las últimas semanas; lo enfría.

El PRD dice que no. Qué raro. El senador Pablo Gómez reniega de disminuir diputados y senadores. Quizá no está del todo errado, pero no debería esgrimir un “no” tajante, sino enfocado en qué diputados y senadores se quitan. Según este humilde articulista, bien se podría prescindir de los senadores de representación proporcional y los llamados de primera minoría (que es en verdad la segunda, porque nadie consigue más del 50% de los votos). Hay que recordar que la lógica del Senado es representar a las entidades federativas, no a los partidos. Estaría bien, por lo tanto, quedarnos con 64, dos por estado (y 2 del D.F.). En cuanto a diputados me parece acertado reducirlo a 400, pero la distribución 240/160 es equivocada, ya que agrandaría los distritos (de por sí no le hacen caso a los electores). 300/100 sería mejor, disminuyendo a los famosos “pluris” que no representan más que a sus partidos y conservando cierta “pluralidad”.

El PRI dice, en su típico lenguaje, que es prioridad pero que no es prioridad. Que primero hay que solucionar lo del empleo y hacer una reforma fiscal. No niego lo del empleo, pero ¿no se pueden hacer ambas? Además, tuvieron en sus casi mayoritarias manos el presupuesto de ingresos, la oportunidad de aplicar impuestos más progresivos y la dejaron ir. No hay más que una palabra: hipocresía. Están jugando a hacerse los difíciles. No le van a vender barata la reforma a Calderón ni al PAN. Y, aunque las fracturas no sean visibles, no hay consenso. Por lo pronto baste decir que Peña Nieto no está de acuerdo, lo que implica que una parte de las bancadas del PRI y Verde van a estar en contra. A él le interesa jugar con las reglas que ya conoce, con las que ha ido construyendo su candidatura.

El PAN, por razones más que evidentes, dirá que sí. Pero su mayor reto será entrarle a la negociación y salir avante. Quién sabe qué pueda pasar. Mientras Nava no meta la pata y no le ganen al partido las urgencias de construir un presidenciable, hay esperanza.

Yo, aunque ni Calderón, ni el PRI, ni el PAN, ni el PRD me hayan preguntado considero que, con algunos bemoles y puntos a mejorar, es una buena reforma. Como mencioné hace dos semanas en “No se haga pato”, no hay peor apuesta que la de la inacción. Si se aprueba la reforma vendrán incertidumbres, probablemente efectos no deseados o imprevistos, pero al menos algo habrá cambiado. Nada en política es perfecto. Sin embargo, de lo que sí podemos estar seguros es que si no se hace nada (por los motivos que sean) todo seguirá igual: persistirá el chapulineo de legisladores, su falta de preparación, seguiremos en una partidocracia y el descontento e indefensión ciudadanos seguirán en aumento.





Refundición

9 12 2009

Que el Congreso “Refundacional” del PRD fue un fracaso nadie lo discute. Que es presa de la lucha entre corrientes, botín de ambiciones personales y un partido sin proyecto claro también es evidente. Ruth Zavaleta ya se fue, y se dice que René Arce, senador él, lo hará pronto. El Peje va y viene, cual pesada sombra. PT y Convergencia, como rémoras, buscan qué sacarle. Jesús Ortega, gris e inútil, no logra articular una visión de partido; prefiere sobrellevar el día a día con negociaciones mezquinas. El resultado de todo lo anterior fue un vergonzoso 12% de las preferencias electorales, más cerca del Partido Verde (una verdedera porquería que sacó 6.5%) y de la chiquillada que de los dos partidos más grandes.

PRI y PAN han resultado ser prácticamente lo mismo. Con sus diferencias cosméticas y obviando tristes espectáculos como los que daba Germán Martínez, muchachito pendenciero aquél, ambos han mostrado una carencia absoluta de imaginación, han sido excesivamente conservadores en casi todos los rubros y poco han hecho (o van a hacer) por alterar un statu quo que les beneficia. Ello explica, en parte, la fuerza del tabasqueño en 2006, en que parecía una alternativa a la receta tantas veces repetida de mercado y tecnocracia. Sin embargo, tres años después, en una etapa de franca recesión democrática y económica, marcada por el desencanto, les ha salido lo conservador también a los electores: “más vale malo por conocido que bueno por conocer”.

El PRD, como tercer “partido grande” y siendo el único de ellos que no ha probado suerte en Los Pinos tendría la posibilidad de proponer para 2012 algo diferente, un cambio de rumbo para el país. Sin embargo, después del “cochinero” en su elección por la dirigencia, de los teatros montados en Iztapalapa entre Brugada y Juanito, de la imposibilidad de ponerse de acuerdo, ese escenario se ve lejano. Marcelo ha puesto enorme empeño en construir su imagen de candidato viable y moderno, pero no tiene ni el carisma ni la estructura partidista para competir con el copetón mexiquense. Por no mencionar la titánica batalla que habrá de librar contra el Peje por la candidatura del PRD.

La posibilidad de que el PRD se vuelva un partido marginal, con fuerzas regionales (D.F., B.C.S., Zacatecas), es real. En muchos estados del Bajío y Norte el porcentaje de votos que obtiene es semejante al de los partidos pequeños. Y el voto obtenido en el sureste y los estados que gobierna no es suficiente para compensar el porcentaje de votos a nivel nacional. Los escenarios son, a grandes rasgos, dos: Uno, permanecer divididos, en corrientes, para ver cómo poco a poco van perdiendo votos, curules, gubernaturas y municipios, hasta verse reducidos a lo que fue la izquierda antes del FDN: un grupo de partidillos testimoniales, sin utilidad. Dos, hacer un sobrehumano esfuerzo por refundar al partido, darle coherencia y unidad, insertarlo en la modernidad y hacerlo viable para llegar a la presidencia. Ambos escenarios son factibles y dependen de los perredistas (en especial de su dirigencia). El tiempo sigue su inexorable marcha y si quieren tener posibilidades reales de llegar a la presidencia, ya no en 2012, sino en 2018, la transformación es imperante. Una lástima que hayan dejado pasar la oportunidad que tuvieron el último fin de semana.

De otros lados. Ya, en serio ¿para qué va a servir el DIA?





No se haga pato

2 12 2009

Calderón hace 3 años.

Pareciera una eternidad desde aquel atropellado 1 de diciembre en el que a empellones y en medio de vociferaciones y diputados campistas Felipe Calderón rindió protesta como presidente de México. Y si a nosotros nos ha parecido largo, al inquilino de Los Pinos seguro se le ha hecho interminable. Tanta calamidad junta no se había visto acaecer en tan poco tiempo. Crisis mundial (económica y alimentaria), epidemias, muerte de un secretario de Gobernación, descontento social, violencia, son los más notorios. Algunos han venido del exterior, otros han sido consecuencia de malas decisiones del gobierno en general y del presidente en específico.

Cuestionables como son los medios para lidiar con crisis, influenza y narco, resulta imperante modificar el rumbo. Apenas ayer llegó a la mitad de su gobierno, pero tras la debacle electoral de julio y el clima de desazón nacional, en distintos medios comienza sonar eso de que es un pato cojo (la traducción literal al español es desafortunada, proviene del término lame duck president, utilizado para un mandatario que ya no hace nada y que sirve para lo mismo). En un contexto mexicano sería bueno utilizar una especie más autóctona, como coyote, aunque ello derivaría en inevitable albur. Por lo tanto sujetémonos al desafortunado término de pato cojo.

México no puede permitirse un presidente inútil. Los próximos tres años serán de definiciones. Con las profecías revolucionarias timbrando, la agenda pendiente es extensa. Recuperación económica, desarrollo social, educación de calidad, seguridad pública, prevención sanitaria, innovación tecnológica, son algunos de los renglones prioritarios. En 2012 México llegará a la cúspide de su bono democrático (la mayor proporción de jóvenes en su historia); después su población envejecerá lenta e inexorablemente. Lo que no se haga en los tres años restantes del sexenio tendrá eco en las próximas tres décadas. Agobiado, disminuido, ahogado en problemas, el presidente debe sobreponerse y dar golpe de timón para evitar el hundimiento de la nave.

Calderón comienza a dar señales de entender lo anterior. En su tercer informe prometió  reformas de fondo. La reciente propuesta de reelección legislativa se aplaude; llevaba años en la congeladora. Sin embargo, ello no es prueba suficiente. Como se vio con Fox, no basta desvivirse en promesas, hay que cumplir. Se vislumbran, pues, dos caminos: Uno es permanecer en la simulación, en el atole con el dedo, en hacer como que se hace, en proponer tímidamente y escudarse en que el PRI tiene casi mayoría y que detuvo las propuestas en alguna de las Cámaras. El segundo es, en términos futboleros, dejar todo en la cancha: negociar, moverse, hacer hasta lo imposible para sacar al país del marasmo y hacer los cambios que, aunque dolorosos (para algunos), son necesarios (como botón de ejemplo: sacar a la maestra Gordillo).

El prestigio y la forma en que quiera ser recordado dependen del derrotero a seleccionar. Si toma el primero seguiremos en el país del “no pasa nada”, viviremos tres ominosos años esperando el regreso de los dinosaurios copetones, el PAN regresará a la oposición con mucha pena y nada de gloria y Calderón se unirá al club de Echeverría, López Portillo y Salinas. Por no mencionar que se consumará el desencanto prometido a la ciudadanía del “cambio hoy, hoy, hoy”. Si elige el segundo enfrentará, seguramente, enormes retos, pero al menos podrá aspirar a ser recordado como alguien que tocó fondo pero supo recomponerse y recomponer al país. De ser así, tendrá complicadas batallas que habrá de seleccionar bien. El riesgo es alto, pero al menos así le daría más posibilidades a su partido de dar una buena pelea en los próximos comicios federales. Después de todo, con los augurios tricolores para 2012 ¿qué tiene que perder?

Promesas de campaña...





De acciones colectivas

25 11 2009

Durante muchos años, pensadores como Latham, Commons, Parsons y Bentley argumentaron que bastaba un grupo con intereses comunes para generar acción colectiva. Sin embargo, dicha aseveración es lejana de la realidad. The Logic of Collective Action, de Mancur Olson, fue un libro esencial para derribar tal mito. La teoría de elección racional pudo mostrar que no siempre intereses comunes generan acción colectiva; que hay otros factores a considerar. Ello puede ser de utilidad para ver las posibilidades de éxito de acciones colectivas de la más distinta índole.

El que un interés sea el equivalente a un grupo se basa en el supuesto de que si un grupo tiene una razón para organizarse y conseguirlo, los individuos racionales que lo conforman también tienen un incentivo para apoyar dicho grupo. Ello es falaz, al menos para grupos grandes, latentes, porque si un individuo no tiene presión de sus compañeros (es decir, puede perderse en el anonimato y ser un “gorrón”) no tiene grandes incentivos para asumir los costos que le corresponden de la acción colectiva. Precisamente son los costos de organización algo a tomarse en cuenta; entre más grande sea el grupo más difícil la organización y el acuerdo.

Una frase esencial del libro, que redondea el argumento, es: “A menos que el número de individuos en un grupo sea pequeño, o a menos que haya coerción o algún otro mecanismo para hacer que los individuos actúen en un interés común, los individuos racionales y egoístas no actuarán para conseguir sus intereses comunes o de grupo.” (p. 2) Cuando un grupo grande está previamente organizado, da ciertos beneficios a sus miembros o tiene manera de sancionarlos, tiene más probabilidades de conseguir el bien colectivo.

Hay otros dos factores que pueden facilitar la acción colectiva. El primero es si hay integrantes del grupo dispuestos a asumir la mayor parte de los costos (individuos más interesados en que se consiga el bien colectivo que por lo tanto se esforzarán más por conseguirlo e. g. Esparza). El segundo es el tipo de bien colectivo. Los hay incluyentes y excluyentes. El incluyente es aquel del que, una vez conseguido, no se puede excluir a nadie más. Por ejemplo, un derecho. El excluyente es aquel que beneficia a cierto grupo, pero al que no tienen acceso todos. Por ejemplo, suponiendo la reinstauración de LyFC, es un bien colectivo para el SME, pero no le beneficia directamente a otros porque no van a poder trabajar ahí. Los excluyentes suelen facilitar la organización porque refuerzan el compromiso de aquellos dispuestos a alcanzarlos.

Acción colectiva

Luego, no basta un interés común para generar acción colectiva o conseguir un bien colectivo. Depende de los costos de organización, del tipo de bien colectivo, del tamaño del grupo, de si hay integrantes dispuestos a asumir una mayor parte de los costos, de si hay una organización previa, mecanismos de coerción o de incentivos para generar la acción colectiva. Tomando estos factores, se puede ver más sistemáticamente si un grupo agraviado se organizará para ejercer presión política y qué tan efectiva será.

Como ejemplo: ¿Por qué, si eran tantos los ciudadanos afectados, no lograron (logramos) detener el alza al IVA? Olson diría que el evitar un alza al IVA es un bien colectivo inclusivo, lo cual incentiva “gorrones”. Además, ningún consumidor posee mecanismos para coaccionar o incentivar a los otros a que asuman su parte de los costos. Poner de acuerdo a millones de consumidores a lo largo del país para ver las acciones a tomar, organizarlos en poco tiempo, plantea un costo alto. Y nadie está dispuesto a asumirlo, a sabiendas de que ninguno de los otros tiene incentivos para apoyarlo. Por lo tanto, no hay acción y no se consigue el bien colectivo. El IVA aumenta. Una lástima.

De otros lados. Fracasó el intento de controversia constitucional que pretendía interponer la Cámara de Diputados a la SCJN contra la extinción de LyFC. Sólo firmaron 55 diputados, de 250 que se requerían. Noroña está triste.





Desfases

18 11 2009

El presupuesto de egresos fue aprobado. Más de tres billones de pesos, y eso que es año de crisis severa. Todos los partidos quedaron medianamente contentos, algunos más que otros. La rebatinga estuvo sabrosa. La presión de los gobernadores (especialmente los del PRI) se dejó sentir, y fuerte. Lo que es peor, con la casi mayoría que posee dicho partido, logró eliminar los candados a la transparencia y rendición de cuentas de los gobiernos estatales. Dicen que no importa mostrar el cumplimiento del gasto, ni sus resultados, ni nada, para seguir recibiendo recursos. Al final, una “fe de erratas” buscó subsanar dicha carencia, pero no pasó de una triste simulación (se quitaron 6 mecanismos de control y la fe de erratas recuperó sólo 2). “Como no pudimos cuidar la transparencia, tratamos de taparle el ojo al macho” dijo, cínicamente, un diputado panista.

Lo anterior lleva a un problema grave para la consolidación democrática. Encandilados con el triunfo del ranchero guanajuatense hace nueve años, propios y extraños no esperaron para gritar a los cuatro vientos que México es una democracia. Más allá de problemas como pobreza, desigualdad, inseguridad y otras calamidades epidemiológicas, un obstáculo sustancial a la mejora de la calidad democrática son los gobiernos estatales. Porque hay una disparidad brutal. Algunos, como Baja California, empezaron a finales de los ochenta a tener alternancia. Otros tantos, en los noventa. Sin embargo, no han sido una mayoría apabullante. Hay 14 estados de los que nunca se ha ido el PRI, a los que no les ha llegado el cambio. Entre ellos, dos muy importantes por población y recursos: Estado de México y Veracruz.

Peña Nieto: dinero e imagen

Fue enorme el empeño en limitar al presidencialismo. Largo proceso el que ha desembocado en una presidencia con contrapesos, relativamente pequeña (sin hacer alusión a estaturas). Pero a nadie se le ocurrió que el poder ejecutivo federal no era el único que debía ser contenido. Además, el proceso de descentralización favoreció la “feudalización” del país. El poder arrebatado al presidente cayó en 32 reyezuelos (aunque en el DF la cosa está más acotada por su extrañísimo estatus jurídico). Hoy, los gobernadores controlan su legislatura, su Comisión de Derechos Humanos, el Instituto Electoral estatal, poseen clientelas, nombran diputados federales y a sus sucesores. La historia parece sacada de la mitología griega: la hidra, a la que por cada cabeza cortada, le salían dos. En este caso, al cortar el poder presidencial, éste se ha dispersado y multiplicado en el de los gobernadores; la pesadilla del presidencialismo, multiplicada por treinta y dos.

Al parecer el único partido que lo ha entendido (para infortunio de los ciudadanos y la democracia) es el PRI, que gobierna 19 entidades. Además, en 2010 hay elecciones para gobernador en 9 estados. Si no, ¿qué otros factores explicarían la mágica desaparición de los candados? La fuerza del PRI está en sus gobernadores. Si el dinero sigue fluyendo, la maquinaria electoral permanece aceitada y las clientelas, fieles. Luego, el primero paso para nivelar la competencia en las entidades es limitar los recursos (y promover la rendición de cuentas). No obstante, desde la posición de debilidad en la Cámara de Diputados  de PAN y PRD acotar a los gobernadores se antoja misión imposible. ¿Pero sacrificar las ya de por sí maltratadas transparencia y rendición de cuentas? Eso es un tiro en el pie no sólo para azules y amarillos, sino para la cada vez más intangible y aparentemente inalcanzable consolidación democrática.

Los pronósticos son desalentadores: Veracruz, Puebla y Oaxaca, entre otros, seguirán pintados de rojo. Megalómanos, pederastas y corruptos gobernadores podrán irse tranquilos, sabiendo que su sucesor no moverá un dedo para investigar irregularidades y castigar culpables. Los billetes seguirán fluyendo para acicalar copetes, comprar pintura roja, botellas preciosas, tortas, camisas y refrescos con el logo tricolor. El remedio, sin embargo, no es desconocido: replicar, con algunas innovaciones, los procesos que permitieron la transición en otros estados y a nivel federal: movilización social, organización, deconstrucción y reconstrucción de identidades partidistas. En el fondo, el problema es creer que una vez que se tiene democracia ya estuvo. No, la democracia se gana, se exige y se refrenda día a día, por más cursi que suene. Si no, se diluye y hasta se pierde.

Oaxaca 2010: prueba para Ulises Ruiz





Marchas que no marchan

11 11 2009

¿Para qué sirve una marcha?

  1. Para nada
  2. Para desquiciar a los ciudadanos
  3. Para luchar por los derechos civiles y políticos
  4. Para defender intereses particulares
  5. Para tener el placer de caminar en pleno día hábil sobre el terso pavimento de Reforma.
  6. Todas las anteriores
Zócalo. Concentración del SME

Zócalo. Concentración del SME

F. Yo digo que F, aunque parezca contradictorio. Vamos en orden:

Para tener el placer de caminar en pleno día hábil sobre el terso pavimento de Reforma. Eso es más que claro (bajo el supuesto nada absurdo de que la marcha se desarrolle en Reforma). Además, uno tiene la posibilidad de portar banderitas, sentir el ambiente colectivo, gritar consignas y perderse cual camarón en la masa humana circundante.

Para defender intereses particulares. Es interesante ver cómo a lo largo de los últimos años, especialmente después de la alternancia, las protestas se han diversificado en cuanto a motivos pero se han concentrado en intereses particulares. Después de hacer una revisión hemerográfica (a partir del 2000), prácticamente todas las marchas, manifestaciones, mítines, paros y concentraciones han tenido como razón algo particular. Por supuesto, han tratado de hacerlo ver como algo del interés general. El caso del SME no es la excepción: no todo México ha perdido el empleo ni han liquidado su empresa. Sin embargo, muchos podrían estar en el lugar de los del SME o simpatizan con ellos o se benefician, de alguna manera, con su existencia y, por lo tanto, los apoyan.

Para luchar por los derechos civiles y políticos. Aunque no en fondo, sí en forma. El que haya marchas tan grandes es una buena señal de que se respetan la libre asociación y expresión. Es un imperfecto termómetro de las libertades. En los sesenta, prácticamente cualquier manifestación acababa reprimida o cooptada. Los métodos eran variados: enviar esquiroles, comprar líderes, hostigar simpatizantes o simplemente aplicar la fuerza (las apariciones del ejército no eran atípicas). Aunque hay lugares donde aún se utilizan algunos de esos procedimientos, han pasado a ser la excepción. En ese sentido, cada marcha refrenda una cultura democrática, de disposición a oír (no digo escuchar, porque eso muchas veces no sucede) lo que otros tienen que decir. Cada marcha es, muchas veces sin proponérselo, una muestra de repudio a la represión y al autoritarismo de otros tiempos.

Para desquiciar a los ciudadanos. Es totalmente comprensible la molestia de aquellos que tienen que tomar vías alternas, perder tiempo, salir tarde del trabajo, posponer o cancelar actividades (sería interesante, aunque sumamente difícil, calcular las horas-hombre perdidas y el impacto que tiene en la economía de la ciudad cada marcha). Al final del día hay un conflicto de derechos. Ambos tienen intereses legítimos y difícilmente renunciarán a su posición. Aunque no estaría mal seguir buscando soluciones para tratar de que convivieran con menos fricciones (entre algunas de las propuestas más excéntricas está la creación de un “marchódromo”, al que creo nadie iría, ya que lo interesante es quejarse frente a Segob, Los Pinos, la Cámara de Diputados o algún monumento simbólico o dependencia gubernamental relevante).

Para nada. En un país donde “no pasa nada”, hoy marcha el SME y afines, convoca a paro nacional, la gente enloquece unas horas y llega a casa de mal humor. Mañana los medios de información debatirán las cifras (minimizándolas o maximizándolas según filiación), Luz y Fuerza seguirá extinta cual Pterodáctilo, Segob prometerá una negociación “de a mentis”, el statu quo prevalecerá y México seguirá desmoronándose.

Sin embargo y a pesar de su desprestigio, la organización sigue siendo la única ruta para tratar de hacer llegar las demandas de los diferentes sectores sociales al gobierno. El problema es que la repetición al cansancio de los mismos repertorios ha limitado su utilidad. Por lo tanto, no basta la organización, es preciso agregarle imaginación para innovar; no todas las revoluciones son armadas.





Diatriba contra (los malos hábitos de) la academia

4 11 2009

La objetividad absoluta es inalcanzable. Sin embargo, hay gradaciones. Para este texto en específico, admito mi lejanía de toda objetividad: será una crítica basada en pocos casos que, por lo tanto, no pretende generalizar. A pesar de dicho sesgo, no carece de utilidad el ejercicio, ya que cabe la posibilidad de que, en mayor o menor medida, lo que pretendo describir se repita en otras circunstancias.

La crítica se dirige a las dinámicas establecidas. Es común el argumento de que al entrar a la política la gente se corrompe, por más honesta y recta que sea. ¿Por qué? Porque acaba entrando al juego de la mayoría; o se adapta a los viejos hábitos o es expulsado. Sin embargo, ésto no aplica exclusivamente a la política. En las empresas, en las familias, en una relación entre dos personas, incluso en cada individuo, se establecen pautas de comportamiento que a la larga resultan difíciles de cambiar. En una palabra: hábitos. De ahí parten los argumentos de dependencia del camino (path dependency): cuando los resultados de un proceso sólo pueden ser explicados mediante la secuencia de sucesos que llevaron a ese punto. Los antecedentes marcan. Olvidar la historia es imposible.

Aún así, cabe la posibilidad de la crítica. Porque el cambio es posible, necesario y, muchas veces, deseable. Mi diatriba se dirige, entonces, a una dinámica con la que me he familiarizado: la de la academia (ni siquiera la de la academia en su conjunto, sino de la que me rodea, enfocada en ciencia política). Ahí se han desarrollado algunos vicios que, según mi parecer, limitan e incluso nulifican su labor social:

1. Importancia del método sobre el tema. Esta crítica la han hecho personas con más autoridad, como Sartori. Muchas veces el método acaba condicionando los métodos a estudiar.  La dinámica ideal, siguiendo a Almond, es primero encontrar un fenómeno de interés y de utilidad y posteriormente aplicar todos los conocimientos e incluso la imaginación con el fin de desarrollar métodos innovadores para estudiarlo. Así avanza el conocimiento: a través de la inventiva. Un problema adyacente es el tratar temas de interés pero no ahondar en soluciones. El carácter primordialmente descriptivo resta utilidad al estudio. Sé que el primer paso para solucionar algo es comprenderlo, pero muchas veces se limitan a explicarlo a medias. Aportar algunas ideas seminales sobre posibles soluciones, sobre las que pudieran avanzar otros estudiosos del tema, sería deseable.

2. Se reduce a una palabra: flojera. Encuentro dos vertientes: Primero, reciclar y auto citarse en exceso. Si bien es natural tener un campo de especialización, ello no implica acabar repitiendo lo mismo una y otra vez (nada más funesto que un copy-paste). Segundo, no atreverse a hacer, en cada libro, “la gran investigación”, sino una investigación más. Entiendo que la dinámica de publicar o perecer (publish or perish) fuerza a optimizar esfuerzos. Pero a la larga ¿no es mejor tener dos libros memorables a tener diez que nadie recuerde ni cite?

3. Esto lleva al tercer problema: la obnubilación de largo plazo. Absorbidos por compromisos administrativos, por pasar al siguiente día, por entregar este informe de actividades o presentar aquella solicitud, olvidan (o dejan poco tiempo) a su función principal: pensar. Finalmente, lo más importante no es el número de páginas o la cantidad de citas, sino el aportar un argumento nuevo. Ello se debe, en parte al cuarto problema.

4. Detesto apoyarme en explicaciones culturales, pero creo que este es un rasgo más acentuado en México: la falta de discusión. Es difícil encontrar gente con la que se pueda tener una acalorada discusión y al término de la misma tan tranquilos. Muchos acaban tomándoselo personal. Se enojan o zanjan todo intento de diálogo diciendo: “nunca nos pondremos de acuerdo, ¿para qué discutir?” Precisamente para probar argumentos; porque al final hay que estar consciente de la posibilidad de acabar cediendo ante evidencias más contundentes y, lo más importante, aprender. Dicho rasgo se reproduce en la academia, en la que “por no ofender al otro”, se evade en todo momento la discusión verdadera, por lo que acaban en diversos monólogos que, cuando mucho, se tocan tangencialmente. Porque acaban ligando el honor o el status del proponente con sus argumentos: si éstos resultan dañados en una discusión, forzosamente el honor del expositor se ve mancillado. No debería ser así. Los académicos, siendo capaces de pensar y articular argumentos mejor que muchos otros, deberían ser los primeros en ponerlos a prueba y aceptar, cuando sea el caso, que están equivocados. La dialógica permitiría, a su vez, avanzar el conocimiento. Aquí no se trata de tomar partido desde antes: para eso están los políticos. Por lo tanto es una aberración un académico que defienda a capa y espada a Calderón o al Peje. Debe ser capaz de encontrar defectos y virtudes donde las hay, porque sólo mediante la crítica y la autocrítica puede esperar corregir errores previos.

Sabiendo qué dinámicas me parecen erróneas, es más fácil trazar las directrices del cambio. Comprendiendo los antecedentes, es más fácil modificar hábitos. Así las cosas, termino desahogado.  Y, recurriendo al lenguaje popular: a quien le quede el saco, que se lo ponga.

Academia. Monólogos tangenciales.

Academia. Monólogos tangenciales.